V I D A     D E     S E M I N A R I O

28 Mar - 04 Abr 2010: Semana Santa en el Seminario

Como todos los años, el Seminario celebró la Semana Santa con múltiples actos:
El día 28 de marzo dio comienzo  la semana central de todo cristiano, la Semana Santa, en el Domingo de Ramos. Cada uno de nosotros celebramos la solemnidad en nuestras parroquias de pastoral y, como es tradición, también salió en procesión Jesús montado en un borrico. A las 11:00 de la mañana el obispo, Don Juan Antonio, bendijo en el palacio arzobispal las palmas de los numerosos fieles que allí se congregaban. A continuación, se realizó la procesión hasta la Catedral. El recorrido duró tres cuartos de hora. Acabada la procesión, se inició a las 12:00 la celebración  de la Eucaristía, presidida también por el obispo. La catedral se llenó con la presencia de las autoridades locales, los presidentes de las cofradías, y los numerosos fieles que se preparaban así para pasar de la cuaresma a la Semana Santa.

El Lunes y Martes Santos tuvimos unas jornadas de formación:
La del Lunes Santo fue presentada por el obispo auxiliar de Madrid, don César Franco, quien nos habló del Sacerdocio de Cristo en la Carta a los Hebreos. En líneas generales nos invitó a leer detenidamente este libro de la Sagrada Escritura, pues es uno de esos que se dejan un poco a parte por la peculiaridad de su forma literaria. Destaca la identificación de la persona de Jesús con su misión salvadora como una auténtica novedad. La unidad de vida en Jesús que une su ser Hijo del Padre y su misión es una exigencia que se nos presenta a nosotros los seminaristas como futuros ministros que participaremos del sacerdocio de Cristo por la unción del sacramento del orden. Por otra parte insistió en que el ser sacerdotal de Jesús no es algo fortuito ni reducido al sacerdocio del Antiguo Testamento por la consagración de Moisés. Por las circunstancias personales de Jesús, presentarle como sacerdote requería superar esta apariencia. No nace en la tribu levita de los sacerdotes, no es consagrado según el rito de Moisés, no se tienen relación con el oficio sacerdotal. No obstante es un sacerdocio único y definitivo. Cristo es sacerdote, porque ofrece su propia vida; es sacrificio porque Él es la víctima; y cumple la finalidad del sacerdocio que es la de mediación entre Dios y los hombres. De este modo solo se puede comprender el sacerdocio ministerial a la luz del sacerdocio de Cristo, de quien aquél recibe su ser y su impronta. Además, es un tema que se sitúa en el contexto de las fiestas pascuales que hemos celebrado: Cristo se ofrece a sí mismo por la salvación de los hombres. Si la muerte en la cruz es algo central en su misión, los cristianos debemos conformar nuestra vida con la cruz, para que apropiándonos de la gracia de la Redención podamos participar de su triunfante Resurrección.

En las jornadas de formación del Martes se proyectó un interesante vídeo sobre el santo grial, el posible cáliz de la última cena, que se encuentra actualmente en la catedral de Valencia. A continuación, el director espiritual del seminario nos habló de algunos temas en torno a la última cena de Jesús con sus discípulos que hoy día son tema de discusión de muchos estudiosos. Ha sido interesante destacar que la Pascua judía narrada en el Éxodo no comenzó con Moisés, sino que ya era una antigua práctica de los pueblos seminómadas, quienes sacrificando un cordero en la primera luna llena después del equinoccio de primavera, coincidiendo con la constelación de Aries (que tiene apariencia de un cordero), y untaban los palos de sus tiendas con la sangre antes de las migraciones para ahuyentar a las fuerzas del demonio. Luego llegó a ser así el culto pascual de los judíos. Es importante resaltar la continuidad de la Pascua cristiana con la judía. Ese es el marco en el que Jesús instituye la Eucaristía. La discusión ha sido muy fructífera pues se ha entrado en temas discutidos hoy día que para nada ponen en duda la veracidad de los hechos contados en los evangelios. Sin embargo, haciendo caso a las palabras de Benedicto XVI en su libro Jesús de Nazaret, se remarca la importancia del método histórico en la interpretación de la Biblia, porque así los exige la misma Sagrada Escritura, pero con una mirada mucho más amplia, la de la fe, que reconoce en el texto unas potencialidades que van más allá de lo escrito, y es la vida del Espíritu Santo que los inspiró y que los interpreta en la Iglesia.

También el Martes el seminario asistió a la representación que cada año nos ofrecen los parroquianos de Santiago. Como siempre damos las gracias a la parroquia que nos acogió con gran cariño. La representación empezó a las 20:30, y duró hasta las 23:00. Durante este tiempo todos los reunidos allí (la iglesia llena) hicimos un rato de oración y contemplamos y meditamos de forma muy visible el misterio de amor del Señor que se entrega por nosotros y nos redime por la cruz y la resurrección. Esto era lo que buscaban precisamente los responsables, no hacer un teatro sino una oración. Podemos destacar escenas como la de la Última Cena, que se resaltaba por ser año sacerdotal. Del mismo modo, las escenas principales como la de la crucifixión y muerte de Jesús. Uno de nuestros seminaristas que está de pastoral allí, y que participó en la representación, nos comentó lo bonito que era también para ellos prepararlo; desde los sacerdotes, los responsables y los niños, vivieron un momento de unión y de alegría en el trabajo para mayor gloria de Dios.
Después de la representación de la Pasión en Santiago, fuimos a la catedral, donde el obispo, que también había ido a la representación, presidió el viacrucis que se hace todos los Martes Santos por las calles de Alcalá. El recorrido consistía en ir hasta el palacio arzobispal, y luego volver a la catedral. Los 15 misterios estaban dedicados especialmente a los sacerdotes en este año sacerdotal convocado por el papa, y fue realizado por Don Luis García Gutiérrez, canónigo de la Catedral. Este momento de meditación y oración de la pasión junto al sacerdocio nos ayudó para entrar y vivir mejor esta semana santa en el seminario.

Como todos los años, en la mañana del Miércoles Santo asistimos a la Misa Crismal, Solemne Eucaristía en la que el Obispo celebra con todos los sacerdotes de su diócesis, consagra el Santo Crisma (con el que este año se ungirán todos los recién bautizados, los confirmados serán sellados, y se ungirán las manos de los nuevos presbíteros) y bendice los demás óleos: el de los Catecúmenos (con el que éstos se preparan y disponen al Bautismo) y el de los Enfermos (con el que éstos reciben el alivio en su debilidad); así mismo, en esta Misa los presbíteros renuevan sus promesas sacerdotales. También acudieron los pre-seminaristas (niños y adolescentes en período de discernimiento vocacional).

            A partir del Jueves Santo, los seminaristas nos distribuimos por las diferentes  parroquias de pastoral, para colaborar en las celebraciones del Triduo Pascual:

   Jueves: Misa de la Cena del Señor (en la que se conmemora aquella Última Cena en la que Jesús instituyó la Eucaristía y el Orden Sacerdotal y estableció el mandamiento de la caridad fraterna), Hora Santa (Meditación sobre el discurso apostólico previo a la Pasión) y Adoración prolongada del Santísimo Sacramento (trasladado y reservado en el Monumento).

   Viernes: Via Crucis (procesión solemne en la que se recuerdan las estaciones de la Pasión). Y celebración de la Pasión del Señor (en la que la Iglesia medita sobre la Pasión de Cristo y se adora la Cruz, recordando la misión de interceder por la salvación de todo el mundo).

   Sábado: día “alitúrgico”: la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte y su descenso a los infiernos.

Por la mañana, el párroco de Valdilecha (municipio de nuestra diócesis), D. Fermín Peiró, nos invitó a pasar el día allí. Primero fuimos a la iglesia y tuvimos un rato de oración; allí mismo, Don Vicente, catedrático de Latín en la Universidad Complutense, nos relató la historia del pueblo y de sus monumentos. Luego hicimos una pequeña marcha hasta la célebre cueva de la localidad. Por último, la familia de Don Fermín nos obsequió con una comida.

Alrededor de la medianoche: Vigilia Pascual (solemne conmemoración de la Noche Santa en la que el Señor resucitó, en la que la Iglesia proclama y medita las maravillas que Dios ha hecho con su pueblo. Es la celebración más importante del año).

   Domingo: Misa de Pascua (domingo por excelencia, “solemnidad de solemnidades”, que da comienzo a nuestra Pascua: la Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne).
            A partir del Domingo de Resurrección, los seminaristas tomamos una semana de descanso. El lunes de la segunda semana de Pascua se reanudan las clases en San Dámaso y volvemos a nuestra actividad habitual.

 

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