El fin de semana del 15 al 17 de octubre cerca de 300 jóvenes de la Diócesis de Alcalá de Henares y algunos sacerdotes peregrinamos a los santuarios de Aránzazu y de Loyola.
Partimos el viernes por la tarde rumbo a Vergara, un pequeño pueblo de Guipúzcoa donde, no sin algunos problemillas debidos al espacio, pudimos alojarnos en un pabellón polideportivo.
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El sábado por la mañana visitamos el Santuario y Basílica de Loyola. La Basílica, de planta circular, gran cúpula y un marcado estilo churrigueresco en el interior, fue del gusto de todos. Tanto en el pórtico como en el interior pudimos contemplar las imágenes de algunos santos de la Compañía de Jesús (su fundador san Ignacio, san Francisco Javier y san Francisco de Borja, san Luis Gonzaga y san Estanislao de Kostka). La rica ornamentación del templo cobra su sentido atendiendo al lema de san Ignacio: Ad Maioren Dei Gloriam; para mayor gloria de Dios. El núcleo esencial del Santuario, sobre el que más adelante se levantó el gran complejo religioso, es la Casa-Torre, casa natal de san Ignacio. Data de finales del siglo XIV. Lugar destacable es la capilla de la conversión por ser este el lugar donde sucedió el revolucionario cambio en la vida de san Ignacio. También pudimos acercarnos a la vida de San Ignacio a través de un conjunto de “maquetas” que ilustraban los principales acontecimientos de la vida del santo.
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Después de nuestra visita a Loyola cogimos los autobuses rumbo al santuario de Aránzazu (en Oñate), un gran santuario mariano rodeado de preciosas montañas calizas, donde se venera a la que es patrona de toda la provincia: la Virgen de Aránzazu, una pequeña talla de piedra de perfil gótico encontrada entre los espinos por el pastor Rodrigo de Balzategui en el siglo XIV, que algunos pudimos ver de cerca desde el “camerín” de la Virgen.
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Desde 1514 el santuario de Aránzazu está servido por la Orden de los Franciscanos. Su Basílica dio mucho que hablar, fundamentalmente respecto al diseño. Las torres, talladas en puntas simbolizando espinas, enmarcan el conjunto y dan carácter a la Basílica. Si bien la Basílica gustó mucho a algunos y no tanto a otros, respecto de la cripta localizada bajo ésta la opinión fue unánime.
Después de comer tuvimos un rato libre para rezar y pasear. A continuación asistimos a la Santa Misa en la Basílica. Para cerrar nuestra visita al santuario de Aránzazu nos hicimos una foto de grupo en la fachada del santuario.
De vuelta a Vergara visitamos las Iglesias de Santa Marina y San Pedro, donde asistimos a Misa, rezamos Laudes y hubo exposición del Santísimo. Así mismo, y como es propio de toda peregrinación, todos los que lo desearon pudieron disponer de un buen rato para confesarse.
A la mañana siguiente visitamos San Sebastian y asistimos a Misa en la imponente iglesia de Santa Vicente. A continuación se dejó un rato libre, tiempo que algunos aprovechamos para subir el monte Urgull y deleitarnos con una preciosa panorámica de la ciudad acompañados del Sagrado Corazón de Jesús. Otros prefirieron pasear por las calles, visitar la catedral, etc. Después de comer montamos a los autobuses rumbo a Madrid. Como viene siendo habitual en viajes de nuestra diócesis, hubo quienes no dejaron de entonar canciones y alegrar el viaje de vuelta. Por supuesto otros optaron por recuperar sueño.
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Ponemos en manos de nuestra Madre la Virgen nuestros buenos propósitos y deseos. Que ella nos proteja y nos acompañe en nuestro continuo peregrinar en la tierra.
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