V I D A     D E     S E M I N A R I O


01 May 2010: Retiro mensual

El pasado sábado 1 de mayo, tuvimos en el seminario el retiro mensual que nos ayuda a mantener la atención en Cristo y en la llamada que Él nos ha hecho al sacerdocio.
El retiro fue guiado por el sacerdote de la diócesis Walter Kowalski, quien nos propuso, en dos meditaciones, un texto de un encuentro del Papa con el clero de Roma; <<lectio divina>> centrada en los pasajes de la Carta a los Hebreos: Hb 5, 1-10; Hb 7, 26-28; Hb 8, 1-2.

En la primera meditación, se centró en los elementos fundamentales del sacerdocio. Todo sacerdote tiene que ser hombre, y tiene que ser Dios pues sin esto, no se podría mediar, que es el deber de todo sacerdote.
Como hombres hay que desarrollar esa humanidad, que en definitiva es ser persona con com-pasión en medio del dolor. Así hizo Cristo, que como hombre perfecto se introdujo en el sufrimiento cotidiano `Hb 5, 7 El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente´.
Como mediador, el sacerdote también tiene que estar de la parte de Dios, y solo en el Hijo se realiza esto pues es verdadero Dios y hombre. Resaltó en relación a esto el misterio de la elección, pues nadie puede hacerse sacerdote por sí mismo, sino que solo Dios puede entrar en su vida y con el don del sacramento sacerdotal participar de ese sacerdocio de Cristo.
Después de estar toda la mañana en oración, celebramos la Sagrada Eucaristía.

La segunda meditación, que fue a las cuatro con la exposición del Santísimo, se puso de relieve ese carácter imprescindible del sacerdote como el que com-padece con los demás, y como Cristo hizo en la cruz, alzar en forma de súplica todos esos padecimientos de los hombres. Acabó diciendo que lo fundamental para cumplir todo ello es la obediencia, que no es alienación sino cumplir la voluntad de Dios, que nos hace libre. Terminamos el día con el rezo de vísperas solemnes.
Damos las gracias a Walter por habernos ayudado en nuestro camino como seminaristas y por enriquecer cada vez más nuestra formación sacerdotal.

 

 

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