T E S T I M O N I O S

Miguel Ángel
(diácono)

¡Hola! Me llamo Miguel Ángel, tengo 37 años y este va a ser mi sexto año en el seminario. Como bien podéis intuir, no entré al seminario con 18 años, pero afortunadamente, la paciencia y misericordia de Aquel que nos llama, es muy superior a la nuestra.

Mi vida antes de entrar al seminario era muy cómoda, tenía todo lo que se podía esperar e incluso más, pero no era plena, le faltaba algo. ¿Qué me faltaba? Descubrir cuáles son las inquietudes de mi corazón, en quién y en qué descansa y dónde encuentra la paz. ¿Cómo hacer este hallazgo? Por medio de la oración y con la ayuda de la dirección espiritual.

Dar el paso, en aquel momento me pareció algo casi imposible, pero no tenía ninguna duda de que me estaba fiando de alguien de plena confianza, del Señor, lo cual no quiere decir que no tuviese miedo y mi cabeza no dejara de hacerse preguntas constantemente. Gracias a la oración y de la mano de Virgen, reuní las fuerzas necesarias y después de estar pensando en dar el paso durante varios años, por fin me decidí pese a tener 32 años ya cumplidos. Mi caso no es vocación tardía sino sordera acumulada y falta de fe, pues sólo me fiaba de mis capacidades y de mis propios planes de futuro.

Han pasado algunos años, la vocación se ha ido clarificando cada vez más con la ayuda del seminario y de los formadores. Aunque parezca una paradoja, ahora que no hago mi voluntad, sino que me fío de la llamada del Señor soy plenamente feliz. Como resumen de esta vocación, valgan las palabras de San Agustín en el libro de las confesiones “Tarde te amé, belleza infinita tarde te amé, Tarde te ame belleza siempre antigua y siempre nueva”



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