Paco
(Entrevista realizada para la web del Seminario Conciliar de Madrid)
Francisco, seminarista de la Diócesis de Alcalá. Tiene 35 años y estudia 4º de Teología. Nació en Castellón pero por motivos de trabajo de su padre ha vivido en distintos países aunque vive en Alcalá desde hace más de 20 años. Tiene una hermana de 33 años y un hermano de 26.
Cuéntanos un poco sobre tu vocación y su relación con tu fe vivida en la Iglesia , concretamente en la vida diocesana de Alcalá.
Ya en la adolescencia me daba cuenta que necesitaba un ideal grande, muy grande para no ser absorbido por esa corriente de vida mundana que veía a mi alrededor. Necesitaba de continuo algo más. Nada me satisfacía y no encontraba suficiente el hacer lo que veía a amigos y compañeros, no me conformaba simplemente con subsistir y no pensar en cosas más trascendentes. Desde pequeño fui educado cristianamente, pero mi vida de fe era muy fría. Siempre pensaba que si Dios existía yo tenía que vivir por entero para Él y no sólo relacionarme con Él la media hora que duraba la Misa los domingos como siempre hacía. Era un querer y no poder, no saber que hacer, desear y no obtener respuesta. Pero la Providencia me tenía reservada una grata sorpresa cuando fui invitado en 1997 a un cursillo de cristiandad donde pude descubrir a Cristo vivo en su Iglesia, en medio de hermanos, en medio de una comunidad. Me integré en esa comunidad de cursillos y me metí más de lleno en mi parroquia. Terminé la carrera de Informática y pronto empecé a trabajar. También una chica apareció en mi vida. Con el tiempo también me integré en el movimiento de la Renovación Carismática. Parecía que todo se iba orientando en mi vida, los años pasaban, pero la insatisfacción que sentía años atrás seguía resonando en mi interior como un eco que no se apagaba nunca. Vivir para Dios y para los demás, siempre por ahí veía mucha luz. Las veces que pude experimentar el vivir así reconocía en mí fuertemente esa llamada. ¿Pero qué pasaba? Lo tenía todo: un buen trabajo al lado de mi casa, novia, amigos, un gran futuro por delante, pero me faltaba todo, me faltaba el Único que podía llenar mi vida plenamente.
Y qué puedo decir, simplemente que Él me fue despojando de todo lo que tenía poco a poco. Decía el Papa san Pío X que toda vocación sacerdotal viene del corazón de Dios, pero pasa por el corazón de una madre. En mi caso fue por el corazón de dos madres, mi madre siempre pidió al Señor que si era su Voluntad me llamara al sacerdocio. Esto me lo contaría tiempo después cuando le dije que entraba al seminario. Y como no, María jugó un papel vital en esta etapa de mi vida. Comencé a tratar más con María y realicé finalmente mi consagración a Ella según San Luís María Grignon de Montfort. Ella fue la que me preparó para dar el siguiente paso. Seguía caminando en ese desprenderme y agarrado de la mano de la Iglesia sentí la llamada a dejarlo todo y seguirle. La fuerza y alegría que sientes para dar ese paso y lanzarte es difícil de describir. Él me pidió que fuera sacerdote y yo le dije que sí a pesar del vértigo que me daba y de lo incapaz que te ves. Ahora que no tengo casi nada de lo que tenía antes empiezo a tenerlo todo. No añoro nada de lo que he dejado y no deseo nada en este mundo más que el seguirle hasta el final. Hay mucho por cambiar, crecer, madurar. Aunque entré con 32 años, en la vida espiritual muchas veces los años vividos no cuentan tanto y hay que empezar a aprender y corregir muchas cosas que el Señor te muestra, pero esta es la maravilla de la novedad del Señor. La gran aventura de aprender a seguirle por donde Él quiera llevarte y mendigar cada día la gracia del perfecto abandono, que es la mejor de las disposiciones para recibir al Señor en tu vida. Ahora continúa el discernimiento y maduración de la vocación en el seminario y fiado en la Iglesia se que llegaré allí donde Él desee.
¿Cómo se organiza vuestro seminario? Por curso, por edad, etc. ¿Cuántos sois?
Nuestro seminario se organiza por cursos. En estos momentos somos 12 seminaristas, 2 diáconos y 3 formadores. La formación se organiza en dos grupos: 1º y 2º en uno y 3º, 4º y 5º en otro. También en las furgonetas nos distribuimos por cursos: 1º, 2º y 3º en una y 4º, 5º en otra.
¿Cómo es un día cualquiera en el Seminario? El que sea un seminario pequeño en comparación con el resto de la archidiócesis tendrá sus ventajas e inconvenientes ¿cuáles?
En un día normal comenzamos con Laudes a las 07:15. Tras el desayuno salimos para la facultad en Madrid, tardando más o menos unos 45 minutos en llegar. Tras las clases volvemos a Alcalá y comemos sobre las 14:15. A partir de las 15:00 y hasta las 20:00 tenemos tiempo de estudio. De 20:00 a 21:30 tenemos Vísperas, tiempo de oración y celebración de la Eucaristía. Después cena a las 21:30 y Completas a las 22:15. A partir de las 22:30 silencio mayor. Esto es a grandes rasgos lo que hacemos normalmente. También, dependiendo del día que sea, tenemos formación, adoración al Santísimo, partido de fútbol o tenis, retiro espiritual una vez al mes el primer sábado. A todo esto hay que sumarle la pastoral que realizamos los fines de semana en parroquias y las tareas de servicio semanales que se van repartiendo entre todos, tareas como limpieza de furgonetas, comedor, sacristía y liturgia.
El que sea un seminario pequeño tiene sus ventajas, una de ellas es que te da la posibilidad de poder crear un ambiente más cercano y hacer así numerosas cosas todos juntos. Como inconvenientes diría por ejemplo el hecho de no poder estar de pastoral en muchas de las parroquias que solicitan tener algún seminarista al ser un seminario pequeño y no llegar a todas.
¿De qué manera se relaciona y participa el Seminario en la vida eclesial de tu diócesis y del resto de Madrid?
Participamos en todos los encuentros organizados por la diócesis, ya sea de jóvenes o de niños. Acudimos a las peregrinaciones diocesanas, la última ha sido a Covadonga con más de 350 jóvenes. También vamos a campamentos y convivencias organizadas por nuestras parroquias de pastoral. Salimos en la procesión de nuestra patrona la Virgen del Val. Celebramos los eventos litúrgicos más importantes junto con el Obispo y el resto de fieles en la Catedral. Con respecto a Madrid hemos participado en los eventos relativos a la Misión Joven.
Ya desde tu punto de vista personal y después de llevar varios años en el seminario, la vida de comunidad ¿cómo te ha influido en tu relación con el Señor?
La vida de comunidad me ha ayudado y me ayuda en muchos sentidos en mi relación con el Señor. Te sirve para descubrir en ti pobrezas y miserias que antes no veías y que el trato diario con los demás te muestra claramente. Se dice que en la relación con los que viven contigo es donde mejor puedes comprobar cómo va tu vida espiritual. También es una gran oportunidad para aprender de los demás y para practicar la corrección fraterna cuando es necesario. La vida comunitaria te hace ver la riqueza de la vocación, ver cómo Dios llama a personas tan distintas muchas veces en edades o caracteres, pero todas unidas en esa respuesta y deseo de dejarlo todo por Él.
¿Qué es lo que más valoras de tu Seminario? ¿Que ha supuesto la relación con otros muchos seminaristas y religiosos en la Facultad San Dámaso?
Una de las cosas que más valoro de mi Seminario es la claridad con la que se insiste de continuo en que la vocación sacerdotal tiene sentido única y exclusivamente si es Dios el que llama. Que no tengamos miedo a dejar orientar nuestras vidas donde quiera el Señor y para ello se nos insiste en que nos dejemos acompañar por la Iglesia de la mano de los formadores para llegar así a conocer con más claridad la Voluntad de Dios en nosotros. Se ayuda así al seminarista en los años de seminario a que vaya discerniendo y madurando esa llamada.
Respecto a la Facultad de San Dámaso decir que desde el primer día me impactó mucho el estar en clase con otros seminaristas, religiosos, religiosas y laicos, sean consagrados o no. La última vez que estuve estudiando en una universidad el ambiente era totalmente distinto. Ahora tengo la oportunidad de poder compartir con muchas personas creyentes como yo el camino de una mayor profundización en la vocación y la búsqueda de un mayor conocimiento y crecimiento en la fe. Además tienes la oportunidad de conocer otras muchas realidades eclesiales que antes no conocías: seminarios, movimientos, fraternidades, órdenes religiosas, etc. La Facultad es un puro reflejo de la riqueza de la Iglesia.
Y para terminar ¿qué nos dirías a los seminaristas del Seminario Conciliar de Madrid?
Que aprovechemos con intensidad estos años que por pura gracia se nos concede. Hace poco oí decir a un sacerdote en unos ejercicios, que estos años son vitales, de cómo nos hayamos preparado y de cómo hayamos ido profundizando y vivido en el seminario dependerán en buena medida los frutos de nuestro ministerio sacerdotal para con la gente que se nos encomendará. Por último os invitaría a que con todas nuestras fuerzas fomentemos la fraternidad sacerdotal, porque como dijo Benedicto XVI en la homilía de la dedicación del altar de la Catedral de Albano: "¿Es posible estar en comunión con el Señor si no estamos en comunión entre nosotros? ¿Cómo podemos presentarnos ante el altar de Dios divididos, lejanos unos de otros?"
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