T E S T I M O N I O S

Baena

Mi nombre es Juan José, más conocido como “Baena”. Y quiero compartir con vosotros lo que el Señor ha hecho y está haciendo en mí. Desde que nací viví mi fe en la parroquia de San Francisco de Asís, aquí en Alcalá, allí me bauticé y recibí la Primera Comunión. Un día un seminarista vino a mi parroquia a darnos testimonio de su vocación… Pasado un tiempo decidí ir a conocerlo, de esto hace siete años y sólo recuerdo una cosa que me tocó especialmente el corazón, al entrar en una de las capillas había un Cristo crucificado y abajo a la derecha ponía: “Tengo sed”, estuve bastante tiempo solo delante de aquella imagen y comprendí que el Señor no sólo tenía sed física sino que tenía sed de mí, me quería para Él. A partir  de este momento empecé a plantearme la vocación al sacerdocio.

En el año 2003 visitó España una persona que ha tenido una importancia fundamental en mi vida y en mi vocación, el Papa Juan Pablo II. En Cuatro Vientos el Señor me volvió a hacer aquella llamada: “Sígueme”. El Papa, ya muy anciano, nos dio testimonio de su vida afirmando: “Al volver la mirada atrás y contemplar estos años de mi vida, os puedo asegurar que vale la pena dedicarse a la causa de Cristo y, por amor a Él, consagrarse al servicio del hombre”. Estas palabras dichas por una persona joven y llena de vida es más comprensible, pero dicha por un hombre anciano, casi inválido y desgastado por su entrega a la Iglesia me tocó el corazón de una manera muy especial. Aquella tarde del 3 de mayo de 2003 el Santo Padre la remató diciendo: “Si sientes la llamada de Dios que te dice sígueme, no la acalles, se generoso y  responde como María ofreciendo a Dios el don precioso de tu persona y tu vida”. En este momento decidí entregarme por completo al Señor pero aún no tenía la edad para entrar en el Seminario y conforme iba pasando el tiempo volví a relajarme aunque no llegué a perder el contacto con el Seminario.

Un día de septiembre de hace dos años mantuve una conversación con un amigo seminarista en la que hablamos de mis inquietudes a la vida sacerdotal, él me preguntó que si quería ser sacerdote y yo le respondí que sí. Rezando esta conversación y al cabo de un tiempo comprendí que el Señor además de llamarme al sacerdocio había puesto en mi corazón el deseo de responderle afirmativamente. Y muy orgulloso puedo decir que el domingo 17 de septiembre de 2006 entré en nuestro Seminario diocesano,  coincidiendo con la solemnidad de Ntra. Sra. del Val. En este  primer curso he podido comprobar lo que nos dijo el Papa Juan Pablo II en una de sus exhortaciones apostólicas: “El Seminario es un lugar donde se forman jóvenes llamados por el Señor para el ministerio sacerdotal, es un lugar en el que los seminaristas podemos revivir el trato que el Señor tuvo  con los doce”. En él los seminaristas podemos experimentar desde un primer plano la vida de la Iglesia. En fin, el Seminario es prepararse a seguir a Cristo Redentor con espíritu de generosidad y pureza de intención.

Como todos los caminos de la vida el Seminario tiene momentos de luz pero también momentos difíciles, por eso os quiero pedir vuestra oración por todos aquellos jóvenes  que nos preparamos para ser sacerdotes, para que el Señor Buen Pastor configure en estos años de formación nuestro corazón con el suyo, para que un día podamos mirar como mira su corazón, amar como ama su corazón y perdonar como perdona su corazón…

 



Ver más testimonios >>



 
VIDEO