T E S T I M O N I O

Curry y Fermín

(Entrevista hecha a Fermín y Curry antes de su ordenación presbiteral)

Queridísimos Fermín y Curry, en unos instantes vais a ser ordenados presbíteros, servidores de Dios Altísimo. Cuáles son los sentimientos que más os vienen en estos momentos: ¿miedo? ¿Estupefacción? ¿Admiración?

F: Son muchas las impresiones y sentimientos que surgen en uno, lo primero que me viene es conmoverme por la historia que Dios ha obrado conmigo, desde bien pequeño, para traerme hasta aquí. También me siento muy pobre y pequeño para tan gran don, y es por eso que brotan en mi la petición y la súplica. No falta la alegría profunda de saberte querido y llamado por Dios al sacerdocio.

C: Pues ahora mismo en mi corazón anidan tres sentimientos. Por un  lado un sentimiento de agradecimiento inmenso y de gratitud a Dios por el hecho de haberme llamado, y de confiarme este ministerio. Por otro lado un sentimiento de pequeñez ante el gran don y regalo que me hace, que me hace caer en el asombro y quedarme sin palabras ante la grandeza del sacerdocio, y de cómo Dios quiere concedérmelo a mi. Y finalmente un sentimiento de temblor por la tarea que se me confía, viendo que mi debilidad pueda tantas veces entorpecer este don y labor de Dios.

“Ven y sígueme”. ¿Cómo ha sido en vuestro caso la escucha y el desarrollo de esta llamada para que la semilla inicial llegue hasta este momento?

F: En mi caso, desde muy pequeño (6-7 años), sentía que Dios me llamaba, que él había puesto en mi un deseo grande de ser sacerdote, algo que yo no me había dado a mí mismo. En el transcurso de los años el deseo de entrega al Señor crecía, con el paso del tiempo lejos de menguar, se hacía más fuerte.  Comencé a ser monaguillo, me encantaba estar cerca del altar, admiraba al cura de mi pueblo… Todo señalaba que tenía vocación sacerdotal, y por tanto debía acudir a un lugar que propiciara el discernimiento de este don de Dios, lo  custodiara y cultivara. Así inicié esta andadura en el seminario menor de Alcalá y en que continúo viviendo hasta el día de hoy.

C: A mí nunca se me había pasado por la cabeza el que Dios hubiese pensado en mí para ser sacerdote, es más, ni siquiera era una cosa que yo pensaba ni quería, pero Dios que conocía mi corazón y mis deseos más profundos mejor que yo, sabía cuándo y cómo mostrarme para  qué me había creado. Y para ello tuvo que pasar mucho tiempo, quizá porque yo antes nunca me había preocupado de preguntarle, y fue entonces cuando  estando yo en una situación muy concreta (llevando varios años con una novia estupenda, con un trabajo agradable, con una situación familiar y de amigos genial, etc…), cuando dentro de todo eso  irrumpió Dios en mi vida poniendo en mi corazón el deseo de saber para qué  me había creado y el deseo de conocer  cuál era su voluntad en mi vida, pero para nada pensando que Dios pensara  en mi para ser sacerdote. Yo estaba convencido de que Dios me llamaba para casarme y por ello buscaba de algún modo la confirmación de Dios de que ese noviazgo era para acabar en el matrimonio y así también  estar con esa seguridad de que Dios había pensado eso para mí y así acallar esa pregunta y deseo  que me venía continuamente de saber para qué estaba aquí. Con todo esto lo que hicimos fue poner todo en manos de Dios a través de un sacerdote con el cual ambos teníamos amistad. Fue entonces cuando en todo ese tiempo de oración y discernimiento Dios habló muy claro y me mostró que aquello para lo que me había creado, y aquello que había pensado para mí desde el seno de mi madre era ser sacerdote. Por ello tras esto no dudé en dejarlo todo por Cristo y por María y dejar mi vida en sus manos pues nadie mejor  que Ellos sabrían conducirla.

No hay cimas sin abismos y el Santo Cura de Ars habla del “camino tortuoso que conduce al sacerdocio”. ¿Nos podéis decir brevemente los momentos más difíciles en la historia de vuestra vocación?

F: La verdad es que no recuerdo momentos de especial dificultad en la historia de mi vocación. Ha sido un tiempo de gracia, donde he sido bendecido mucho por el Señor. Quizá como momento más complejo pueda señalar el que viví cuando en el último año de seminario menor tuve que pasar el curso fuera del seminario, rodeado de un ambiente, en muchos casos, contrario a la vocación. Aun así se trató de un año de gracia.

C: En estos años ha habido unos momentos  mas difíciles que otros, quizá la pérdida de seres queridos o los momentos de purificación, pero gracias a Dios en todos ellos he podido sentir el amor y la misericordia de Dios que me ha acompañado y que no me ha dejado pasarlo solo, por lo que uno sale con mayor amor y confianza en Dios.

¿Qué mensaje tenéis para tantas personas que hoy os rodean?

F: Les diría que pidan mucho al Señor por mí, para que me conceda serle fiel hasta el final de mis días, y me conceda gastar mi vida en el servicio a la Iglesia, y  los hombres.

C: El primer mensaje para toda la gente buena  que Dios ha ido poniendo en mi vida en estos años y que ahora comparten conmigo estos momentos sería el darles las gracias por haberme acompañado a lo largo de toda  mi vocación y en la obra de Dios conmigo, por ser miembros activos de la historia que Dios está trazando conmigo, así que lo primero gracias, por mostrarme su cariño y afecto y por ayudarme a ir modelando mi corazón según el Corazón de Cristo. Gracias por vuestras oraciones que tantísimo bien me están haciendo , y finalmente el pediros que no dejéis de rezar por este pobre “ciervo” para que la gracia de Dios siempre me sostenga y acompañe, y para que yo sea dócil a esa gracia.

Hoy se habla de una falta de vocaciones; ¿es que Dios ya no llama?

F: Más bien diría que el hombre, en muchos casos, prescinde de Dios, vive lejos de Él, no escucha su voz; y es por esto por lo que es difícil que surjan vocaciones.

C: Claro que sigue llamando, y claro que el deseo de su corazón es el de que muchos jóvenes y no tan jóvenes entreguen sus vidas en el sacerdocio, pero creo que el problema está en lo que nos dijo Juan Pablo II en Madrid, en la “falta de interioridad” de la que tanto se adolece en estos momentos. En esta sociedad nuestra nos cuesta mucho el pararnos a escuchar la voz amiga de Dios, el parar cada día un momento para hablar con Él, y por ello es difícil que muchos escuchen esa voz susurrante de Cristo que te dice “Ven y sígueme”. Pero a pesar de ello, Dios sigue valiéndose de todo para mostrarnos su camino y voluntad, aunque a veces ese susurro tenga que convertirse en un grito (lo digo por experiencia) con tal de que nos enteremos. Por eso no me queda ninguna duda de que Dios no deja, ni dejará de llamar porque  Dios sigue necesitando sacerdotes para su Iglesia, pues es así como Él lo ha dispuesto, y por ello seguirá valiéndose de todo para mostrarnos su camino y voluntad.

¿Qué diríais a tantos jóvenes que hoy escuchan la voz del Señor que les llama al sacerdocio pero se resisten a responderle positivamente?

F: Les diría aquella frase, ya célebre, de Benedicto XVI que dice: “¡No tengas miedo de Cristo! Él no quita nada, sino que lo da todo”  Dios no viene a hacernos la “pascua”, sino que quiere llevarnos al gozo y la alegría verdaderas, que se encuentran allí donde Él nos quiere.

C: Si hoy escuchas la voz del Señor que te llama por tu nombre y te dice “deja todo y sígueme”, no la acalles porque es el grito de tu corazón que desea y anhela esa felicidad  y ese lugar para el que Dios te ha creado. Puedes hacer uso de la libertad que Dios te ha dado y rechazar esa llamada, pero estarás yendo en contra de aquello para lo que has sido creado y pensado desde siempre.” No tengas miedo, Dios no quita nada, sino que lo da todo” (Benedicto XVI), y nadie mejor que Aquel que creó y modeló  tu corazón sabe lo que tu corazón necesita…por ello no seas tonto y déjale que entre hasta el fondo de tu alma para que pueda hacer morada en ti y saciar el anhelo de plenitud que tienes.

¿Algún mensaje especial para los seminaristas de nuestra diócesis?

F: Que vivan con intensidad el tiempo del seminario, que sean generosos en la oración y en el estudio. “El pozo no da de lo que no está lleno”, ahora percibo esto que me decían algunos sacerdotes.  

C: Que son unos flipaos!!!!!! Noooooo. Tres cosas: La primera el agradecerles el don de su amistad y compañía en estos años. Porque realmente ha sido un regalazo el estar estos años en el seminario y el poder compartir con ellos esta vocación y llamada que todos hemos tenido. Que os améis y queráis con todo el corazón. Guardaos de toda murmuración o juicio, de toda  mirada burlona o de todo desprecio o enfado…cuidaos, cuidaos con cariño y aprecio. Corregid al que se equivoque y que como dice S.Pablo la caridad sea vuestro ceñidor. No dejéis que en esto entre el malo, sino amaos siempre aun cuando sea difícil, pero esforzaos en esto. No dejéis de cuidarme en mi ministerio. Igual que en el tiempo de seminario Dios se seguirá valiendo de vosotros, seminaristas ahora, sacerdotes mañana, para cuidarme y para hacerme crecer en su amor y conocimiento, por ello os pido que no dejéis de colaborar en Dios con esta labor que hoy os pido.

¿Cuál es vuestro lema sacerdotal?

F: “Pro vobis et pro multis” “ Por vosotros y por todos”

C: “Fac ut ardeat cor meum in amando Christum” (Haz que mi corazón arda de amor por ti Jesús)….y  “Todo por Cristo y por María”

¿Por qué habéis elegido estos lemas en concreto?

F: He elegido este lema tomado de las palabras de la consagración, porque sin duda son un programa de vida. Indica por un lado que la existencia del sacerdote, es una existencia entregada, ofrecida, con Cristo. Una entrega que es por aquellos que el Señor me confíe y por todos los hombres. Un modo de vida que tiene su origen, su fuente y su culmen en la Eucaristía.

C: “Fac ut ardeat cor meum in amando Christum” (Haz que mi corazón arda de amor por ti Jesús), porque con este lema se expresa muy bien el deseo más profundo de mi corazón, que es el de que mi corazón arda más y más de amor por Cristo, para que así pueda agradarle en todo, buscando  sólo su gloria y su bien y que de ese modo esté tan unido a su Corazón que sienta como El siente y ame como El ame. Quiero amarle con todo mi corazón y por ello le pido y suplico que ponga el fuego de su amor en mi corazón. Este es mi deseo: “Que mi corazón arda de amor por Cristo, por María y por toda la Iglesia”.  Además he puesto otro segundo lema que acompaña a éste y el cual dice: “Todo por Cristo y por María”, con lo que expreso ese deseo de ofrecer  todo mi ministerio en manos de Jesús y de María. Por ellos seré ordenado sacerdote y para ellos deseo hacer todo. Que ellos me guíen por el camino de su voluntad y del amor, para que mi corazón siempre arda de amor, gozo y alegría en Cristo y en María.

¿Unas palabras para terminar?

F: Le pido al Señor poder vivir así. Que el Señor me conceda una existencia eucarística, entregada con Cristo, para la vida del mundo.

C: Decirle a Jesús y a María que les quiero mucho y que lo mejor de mi vida ha sido conocerlos…AMÉN.

¡¡ Qué hermosos los pasos de los que llevan la Buena Noticia, que anuncian la salvación y la paz !! A nuestros hermanos les deseamos un fructuoso ministerio sacerdotal y que la alegría del día de su ordenación sea para todos nosotros una premisa de la fiesta del Reino de los cielos. Amén.

     Edgar

 



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