Borja
Mi nombre es Borja.
No encuentro mejor forma de contaros el testimonio de mi vocación, que la de empezar diciendo lo agradecido que estoy al Señor por las abundantes luces que me ha concedido a lo largo de mi vida y que me han hecho ver tan privilegiado camino. Yo tengo 22 años y soy el tercero de siete hermanos en una familia cuyos padres son del Opus Dei. El excepcional ambiente de la Obra me ayudó mucho a la hora de discernir.
Cuando vuelvo la mirada hacia atrás, veo mi vida y detrás de ella, la profunda voz de Dios que me ha ido guiando: creo que puedo decir esto con gran seguridad pues el Señor comenzó a susurrarme al oído cuando sólo tenía 6 años. Fue en esos momentos cuando nació en mi interior mi primera inquietud; la de ser sacerdote. Nunca, he podido explicar muy bien el origen de ese deseo, es decir, el hecho de que Dios me haya llamado a tan corta edad, sin embargo, después de una vida discerniendo, puedo decir que he encontrado todo su sentido y fundamento: esto lo redescubrí con aquellas palabras que dijo Dios al profeta Jeremías <<Antes de haberte formado Yo en el seno materno, te conocía, y antes de que nacieses te tenía consagrado: Yo, profeta de las naciones, te constituí>>.
Como en todo proceso, tengo que decir que ha habido muchos momentos difíciles, momentos de verdadero desierto donde uno, no ve nada y donde la ilusión parece que se desvanece. Las circunstancias no eran favorables pues tenía también una gran dificultad para con los estudios y comencé por ello, a plantearme otros caminos... aún así, siempre resurgía con más fuerza la del sacerdocio.
Cuando vamos conociendo al Señor, él mismo es el que nos indica las luces que nos hacen ver en nuestras vidas, y es que Dios se vale de todo: los acontecimientos, el lugar donde has nacido, la familia que tienes, las ilusiones, las propias limitaciones, los amigos, etc ¿Qué sería de mí sin el apoyo de mis padres, de la gente que Dios me ha puesto, de los lugares en donde me han formado? Lo que era en muchas ocasiones duda, ahora voy viendo que es verdad y eso lo he descubierto en el Seminario.
El Seminario, es el lugar donde los llamados al sacerdocio se preparan para desempeñar la labor que Dios les ha confiado. Para ello son formados en ámbitos como el espiritual, el humano y el cultural, fundamentales para representar a Cristo en la tierra. Jesús llamó y constituyó a Doce << para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar>>.Conviviendo con Jesús, los Apóstoles vivieron también su “seminario”.
La experiencia que estoy viviendo en el seminario es muy buena: vivimos en comunidad, participamos con jóvenes en actividades de la Diócesis, profundizamos en el estudio teológico yendo a la universidad y empezamos a ayudar en distintas parroquias. Gracias al Seminario, el llamado al sacerdocio aprende a coger las riendas para saber dirigir la misión que Dios le ha confiado.
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