15 Jun 2010
No podemos comprender lo que hoy proclamamos si no partimos de: Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos (Mt 5, 20). La justicia es Nueva Alianza del corazón nuevo, la obra redentora de Jesucristo.
Es la gracia la que hace posible que el corazón cumpla la voluntad de Dios. Y lo que hoy se nos propone [en la Escritura] ya es el culmen. El no sobrepasarse en la venganza ya es un avance grande en el pueblo de Israel: Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra (Mt 5, 38-39). Y esta justicia nueva de Dios con nosotros es la presencia del Espíritu Santo.
Así debe educarnos el seminario: tiempo en el que el Señor nos va educando. No hagáis ni deseéis mal a nadie; haz el bien y ama a tu prójimo hasta donde puedas; resistir al Maligno; no pagar con la misma moneda; entregarnos al padecer, que es la virtud de la paciencia. Entregarnos voluntariamente al padecer con lo que acontece en el día a día. Se trata de que recibas la gracia de vivir como Él.
Además añade: amar al que te hace mal. Y no sólo eso. También: rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo (Mt 5, 45). Es la promesa del cielo, tocas ya la promesa del cielo: eres un hombre celeste, espiritual que ya ha alcanzado la dirección de su libertad.
Hay una regla que desciende de esa condición celeste: sed perfectos. Esto con el celibato va como la horma en su zapato. El amor radical del celibato es un amor que atraviesa el cuerpo de la persona y nos hace ir más allá de la pura corporeidad, nos hace reconocer a la persona. Lo nuestro es ansiar el cielo siendo celestes. Por eso la Iglesia insiste tanto en el celibato. Es una conveniencia (cum-venire), es decir, le viene bien, le conviene.
¿Qué aportan la fe y la luz cristiana? Un santo es una coincidencia de la bondad, la belleza y la verdad, que irradia la luz del cielo. Y ese es Jesucristo.
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