Ora…
Ora siempre en alabanza, en súplica y agradecimiento al Santo de los santos, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas Divinas y un solo y Único Dios, real y verdadero.
Dios siempre está atento y pródigo, te oye y escucha… te quiere dar y redimir.
Únete a María Santísima, la Inmaculada Concepción.
Ella sazona tu oración y la entrega de modo que es agradable al Señor.
Por eso, en unidad con ella, la oración es más eficaz. Ora con María.
No ores sólo, corres el riesgo de hacer oraciones vacías, muertas, desatinadas y egoístas. A esto se debe que hay muchos orantes que sólo son máquinas repetidoras de mentiras y egoísmos. A esto se debe que hay tantas oraciones y orantes que no agradan a Dios.
Se te ha dicho en el evangelio… sé astuto…
Ora como se debe.
María sabe cómo hacerlo, óyela, escúchala e imítala.
Tonto e insensato sería, si sabiendo la respuesta que el maestro te dice, contestaras de otra forma un examen.
Pide al Padre que te dé el Espíritu Santo…
Pide al Hijo que habite y se encarne en ti y obre según su voluntad, en y desde ti…
Pide al Espíritu Santo que te dé sensibilidad y dócil aceptación a todos sus impulsos e inspiraciones.
A María Santísima, La Inmaculada Concepción que te acompañe y ore por ti y contigo…
El secreto está en dejarse llenar por el Padre, el Hijo Y por el Espíritu Santo, hasta el punto de que ellos, Dios y no tú, sea y haga en ti.
Se pues, portador de Dios, para eso…
Haz silencio, un silencio interior muy hondo. En torno a ti y en ti hay mucho ruido de voces y de imágenes, por esto no le escuchas, porque estás lleno, invadido de ruidos que ensordecen.
Apaga los ruidos dentro y fuera de ti, escucha en el silencio y oirás la voz de Dios que quiere entrar en diálogo. Silencia todos tus sentidos y percibirás, por todos los medios, las señales que Dios te envía constantemente.
El silencio tuyo sea interior y permanente… Sea en tal forma personal y profundo que te permita, una vez logrado, refugiarte en él, con plena disponibilidad, aún en medio de los ruidos externos, si éstos no pueden ser silenciados…
Empieza a practicar… no te desanimes… todo es un proceso… y lo mejor es que no estás sólo.
“Dios mío, limpia mi corazón, para que hoy día haga tu voluntad y esté contigo”.
Por Mauricio González .